Biografía de David Hume: Filósofo del Empirismo

¿Sabías que uno de los pensadores más influyentes de la historia occidental fue considerado tan peligroso que le negaron repetidamente puestos académicos? La biografía de David Hume revela la paradoja de un filósofo cuyas ideas transformaron la filosofía moderna, pero que en su época enfrentó rechazo sistemático por parte de las instituciones académicas establecidas. Este pensador escocés del siglo XVIII desafió las certezas de su tiempo con una propuesta radical: todo nuestro conocimiento proviene exclusivamente de la experiencia sensorial, sin excepciones.​

La relevancia de estudiar la biografía de David Hume trasciende el mero interés histórico. Sus cuestionamientos sobre la causalidad, la identidad personal y los límites del conocimiento humano sentaron las bases para debates filosóficos que continúan vigentes. Desde el positivismo lógico del siglo XX hasta las neurociencias contemporáneas, las huellas del pensamiento humeano permanecen activas en múltiples disciplinas. Comprender su trayectoria vital permite entender cómo las circunstancias personales, el contexto histórico de la Ilustración escocesa y la audacia intelectual convergieron para producir una de las filosofías más desafiantes de Occidente.​

Orígenes y primeros años en Edimburgo

David Hume nació el 7 de mayo de 1711 en Edimburgo, capital de Escocia, en el seno de una familia de terratenientes con modestos recursos económicos. Fue el segundo hijo de Joseph Home de Ninewells, un abogado que falleció cuando David apenas tenía dos años, dejando a la familia en una situación económica delicada pero estable. Su madre, Katherine Falconer, asumió la responsabilidad de la educación de sus hijos con rigor y dedicación, transmitiéndole valores presbiterianos que paradójicamente el joven Hume cuestionaría más adelante.​

Con apenas doce años, una edad sorprendentemente temprana incluso para los estándares de la época, Hume ingresó a la Universidad de Edimburgo. Durante este período formativo, el joven escocés se sumergió en el estudio de autores clásicos, filosofía natural y literatura, desarrollando un apetito voraz por el conocimiento que definiría toda su vida. Sin embargo, las expectativas familiares chocaban con sus inclinaciones: mientras su familia deseaba que siguiera la carrera de abogado, Hume descubrió que su verdadera pasión residía en la filosofía especulativa y las humanidades.​

A los dieciocho años, Hume abandonó sus estudios formales sin obtener un título, decisión que marcó su independencia intelectual. Los años siguientes fueron de intensa lectura y reflexión autodidacta, aunque también de crisis personal. En 1729 experimentó una profunda depresión y problemas de salud que algunos biógrafos han relacionado con la tensión entre sus ambiciones intelectuales y las presiones sociales y económicas de su situación familiar.

La revolución filosófica: Tratado sobre la Naturaleza Humana

Entre 1734 y 1737, Hume vivió en Francia, principalmente en La Flèche, donde Descartes había estudiado un siglo antes. En este retiro voluntario, alejado de las distracciones de la vida social escocesa, el joven filósofo de veintitrés años emprendió la tarea monumental de escribir su obra más ambiciosa: el Tratado sobre la Naturaleza Humana. Esta obra, publicada en tres volúmenes entre 1739 y 1740, pretendía establecer un sistema completo de las ciencias basado en el estudio de la naturaleza humana, aplicando el método experimental de Newton al ámbito de las ciencias morales.​

El Tratado proponía una tesis revolucionaria: todo conocimiento humano se origina en las impresiones sensoriales, y las ideas no son más que copias debilitadas de esas impresiones. Hume distinguía entre «impresiones» (percepciones vívidas de los sentidos) e «ideas» (recuerdos y pensamientos derivados de esas impresiones), estableciendo así los fundamentos de su empirismo radical. Esta postura representaba un desafío frontal al racionalismo dominante de pensadores como Descartes, quien sostenía la existencia de ideas innatas y verdades evidentes por sí mismas.​

Sin embargo, la recepción inicial fue devastadora. El propio Hume describió el destino de su obra como «nacida muerta de la imprenta». Los círculos académicos y religiosos reaccionaron con frialdad o abierta hostilidad ante las implicaciones de su filosofía, especialmente su escepticismo respecto a la religión revelada y su cuestionamiento de nociones fundamentales como la causalidad necesaria. Este fracaso inicial marcó profundamente al joven filósofo, quien posteriormente dedicaría esfuerzos considerables a reformular sus ideas en términos más accesibles.​

Biografía de David Hume: carrera académica frustrada

A pesar de la brillantez de su pensamiento, la biografía de David Hume está marcada por una paradoja dolorosa: nunca logró obtener un puesto académico permanente. En 1744, cuando apenas tenía treinta y tres años y ya había publicado el Tratado y parte de sus Ensayos Morales y Políticos (1741-1742), solicitó la cátedra de Ética y Filosofía Neumática en la Universidad de Edimburgo. Su candidatura fue rechazada bajo la acusación de ser un «notorio infiel» y escéptico en materias religiosas, etiqueta que lo perseguiría durante toda su vida.​

La situación se repitió en 1751 cuando aspiró a la cátedra de Lógica en la Universidad de Glasgow. Nuevamente, las autoridades eclesiásticas y académicas bloquearon su nombramiento, considerando que sus ideas representaban una amenaza para la ortodoxia religiosa y moral de la época. Las acusaciones de ateísmo, aunque Hume nunca se declaró ateo explícitamente, cerraron las puertas de las instituciones educativas más prestigiosas de Escocia.

Obligado a buscar sustento fuera del ámbito académico, Hume aceptó diversos empleos. Trabajó como preceptor del marqués de Annandale entre 1745 y 1746, experiencia poco satisfactoria dado el estado mental perturbado de su alumno. Posteriormente sirvió como secretario del general James St. Clair en misiones militares y diplomáticas a Viena y Turín entre 1746 y 1748. Estos años le proporcionaron estabilidad económica y experiencia del mundo, pero lo mantuvieron alejado de su verdadera vocación filosófica. En 1752 finalmente obtuvo el puesto de bibliotecario del Colegio de Abogados de Edimburgo, posición modesta que sin embargo le dio acceso a una vasta colección de libros que utilizaría para su trabajo histórico.​

El empirismo radical de Hume

El empirismo de David Hume representa la culminación y radicalización de una tradición filosófica iniciada por John Locke y George Berkeley. Mientras Locke había negado las ideas innatas y Berkeley había cuestionado la existencia de la materia independiente de la percepción, Hume llevó estas premisas a sus consecuencias lógicas más extremas. Según su teoría del conocimiento, la mente humana es como una «hoja en blanco» al nacer, y absolutamente todo lo que llegamos a conocer proviene de la experiencia sensorial.​

Esta postura generaba implicaciones inquietantes. Si todo conocimiento deriva de impresiones sensoriales, conceptos fundamentales como «sustancia», «causalidad necesaria» o el «yo» carecen de fundamento empírico legítimo, pues nunca experimentamos directamente estas entidades. Hume argumentaba que lo que llamamos «sustancia» es simplemente una colección de cualidades percibidas que nuestra imaginación agrupa por hábito. Del mismo modo, la noción del «yo» como entidad permanente resulta problemática, ya que cuando introspectamos solo encontramos un flujo constante de percepciones particulares, nunca un «yo» sustancial que las experimente.​

El principio de correspondencia constituía el criterio de verdad: para que una idea sea significativa, debe poder rastrearse hasta la impresión sensorial de la cual deriva. Las ideas que no cumplen este requisito deben considerarse, en el mejor de los casos, construcciones útiles de la imaginación, pero no conocimiento genuino de la realidad. Este criterio severo llevó a Hume a cuestionar gran parte de la metafísica tradicional, incluyendo las pruebas racionales de la existencia de Dios y las afirmaciones sobre la inmortalidad del alma, temas que escandalizaron a sus contemporáneos pero anticiparon el verificacionismo del positivismo lógico del siglo XX.​

Contribuciones al pensamiento político e histórico

Más allá de su trabajo filosófico, la biografía de David Hume incluye contribuciones significativas como historiador y pensador político, dimensiones frecuentemente eclipsadas por su fama filosófica. Entre 1754 y 1762, publicó en varias entregas su monumental Historia de Inglaterra, que abarcaba desde la invasión de Julio César hasta la Revolución Gloriosa de 1688. Esta obra representó un esfuerzo hercúleo de síntesis histórica y le proporcionó mayor fama y beneficios económicos que sus escritos filosóficos durante su vida.​

El enfoque historiográfico de Hume resultaba innovador para su época. Rechazaba las interpretaciones providencialistas que veían la mano divina dirigiendo los acontecimientos humanos, optando en cambio por explicaciones basadas en causas naturales, intereses económicos, pasiones humanas y circunstancias materiales. Analizó con particular profundidad las luchas entre el parlamento y la corona en la Inglaterra del siglo XVII, estudiando conflictos financieros como los de Jaime I y las tensiones que eventualmente condujeron a la Guerra Civil.​

Sus Discursos Políticos (1752) y numerosos ensayos abordaron temas económicos y sociales con perspicacia notable. Hume era amigo cercano de Adam Smith, otro gigante de la Ilustración escocesa, y compartían intereses en el funcionamiento de la sociedad comercial moderna. Los ensayos de Hume sobre comercio, dinero, interés, impuestos y crédito público anticiparon conceptos que Smith desarrollaría posteriormente en La Riqueza de las Naciones. Esta dimensión práctica de su pensamiento contrasta con la imagen del filósofo puramente especulativo, revelando su compromiso con comprender los mecanismos reales de las sociedades humanas.​

El problema de la causalidad y la identidad personal

Dos contribuciones de Hume transformaron permanentemente el paisaje filosófico: su análisis de la causalidad y su tratamiento de la identidad personal. Respecto a la causalidad, Hume planteó una pregunta devastadoramente simple: cuando observamos que un evento A precede regularmente a un evento B, ¿percibimos realmente una conexión necesaria entre ambos, o simplemente observamos su conjunción constante? Su respuesta revolucionaria afirmaba que nunca percibimos la necesidad causal en sí misma; lo único que experimentamos es la repetición de secuencias temporales.​

Lo que llamamos «causalidad» resulta ser, según Hume, el resultado del hábito psicológico. Después de observar repetidamente que el fuego produce calor, nuestra mente desarrolla una asociación automática entre ambos fenómenos. Esta asociación genera la expectativa de que el fuego futuro producirá calor, pero tal expectativa no constituye conocimiento racional de una conexión necesaria. Este análisis socavaba la confianza en el razonamiento inductivo y desafiaba la certeza que la ciencia newtoniana parecía proporcionar. El propio Kant reconocería décadas después que el escepticismo de Hume lo había «despertado de su sueño dogmático», impulsándolo a desarrollar su filosofía crítica.periodicos.uefs

El problema de la identidad personal ocupó a Hume intensamente, especialmente en la sección «De la identidad personal» del Tratado y en el Apéndice de 1740, donde admitió insatisfacción con sus propias conclusiones. Hume argumentaba que cuando introspectamos, nunca captamos un «yo» permanente y sustancial, sino únicamente un flujo de percepciones particulares: dolores, placeres, emociones, pensamientos. Si el yo fuera una sustancia real y observable, deberíamos poder señalar la impresión de la cual deriva, pero tal impresión no existe. La identidad personal resulta entonces una «ficción» útil, una construcción de la imaginación que une mediante la memoria percepciones dispersas en una narrativa coherente. Esta postura anticipó conceptos contemporáneos en filosofía de la mente y neurociencia sobre la naturaleza narrativa y construida del yo.​

Últimos años y legado filosófico

Los últimos años de la biografía de David Hume transcurrieron con mayor tranquilidad y reconocimiento del que había experimentado en su juventud. Entre 1763 y 1766 sirvió como secretario de la embajada británica en París, donde fue recibido calurosamente en los salones ilustrados franceses. Los philosophes como D’Alembert y Diderot lo admiraban, proporcionándole finalmente el reconocimiento intelectual que las instituciones escocesas le habían negado. Durante esta estancia parisina, Hume se relacionó también con Jean-Jacques Rousseau, aunque esta amistad terminaría en una ruptura amarga debido a la paranoia del pensador ginebrino.

De regreso en Edimburgo en 1769, Hume disfrutó de sus últimos años con relativa prosperidad económica gracias a los ingresos de sus obras históricas. Nunca se casó ni tuvo hijos, dedicando sus energías completamente a la vida intelectual y social. En 1776, enfermo de cáncer intestinal, enfrentó la muerte con la serenidad que cabría esperar de un filósofo escéptico. Su amigo Adam Smith relató que Hume mantuvo su buen humor y ecuanimidad hasta el final, rechazando los intentos de clérigos por obtener una conversión en el lecho de muerte.​

El legado filosófico de Hume resultó inmenso, aunque su reconocimiento completo llegó póstumamente. Immanuel Kant reconoció explícitamente que la lectura de Hume había transformado su pensamiento, inspirándolo a desarrollar la filosofía crítica que dominaría el siglo XIX. Los positivistas lógicos del siglo XX, como los miembros del Círculo de Viena, vieron en Hume un precursor de su verificacionismo. La filosofía analítica contemporánea continúa debatiendo sus planteamientos sobre causalidad, identidad personal y los límites del conocimiento. Más allá de la filosofía académica, las ciencias cognitivas y la neurociencia han encontrado en las intuiciones de Hume sobre la naturaleza de la mente anticipos sorprendentes de descubrimientos empíricos recientes. Su insistencia en fundamentar el conocimiento en la experiencia observable y su escepticismo metódico permanecen como contribuciones permanentes al pensamiento occidental.​

Preguntas Comunes sobre biografía de David Hume

¿Dónde y cuándo nació David Hume?
David Hume nació el 7 de mayo de 1711 en Edimburgo, Escocia, en el seno de una familia de terratenientes con recursos modestos. Creció en un ambiente presbiteriano que posteriormente cuestionaría radicalmente a través de su filosofía. Ingresó a la Universidad de Edimburgo a los doce años, edad temprana incluso para los estándares de la época, donde desarrolló su pasión por la filosofía especulativa que definiría toda su trayectoria intelectual.​

¿Cuál es la obra más importante de David Hume?
El Tratado sobre la Naturaleza Humana (1739-1740) constituye su obra filosófica más ambiciosa y fundamental. Escrita cuando Hume tenía apenas veintitrés años durante su estancia en Francia, esta obra propone aplicar el método experimental newtoniano al estudio de la naturaleza humana. Aunque inicialmente fue un fracaso editorial, el Tratado contiene sus contribuciones más revolucionarias sobre el conocimiento, la causalidad y la identidad personal. Sus otras obras importantes incluyen Investigación sobre el Entendimiento Humano (1748), Investigación sobre los Principios de la Moral (1751) y su monumental Historia de Inglaterra (1754-1762).​

¿Por qué David Hume nunca obtuvo un puesto académico?
A pesar de su brillantez intelectual, Hume fue sistemáticamente rechazado para cátedras universitarias debido a su reputación de escéptico religioso. En 1744 fue etiquetado como «notorio infiel» cuando solicitó la cátedra de Ética en la Universidad de Edimburgo, y en 1751 volvió a ser rechazado en Glasgow. Las autoridades eclesiásticas consideraban que sus ideas sobre la religión, los milagros y la causalidad representaban una amenaza para la ortodoxia cristiana. Esta exclusión académica lo obligó a trabajar como tutor privado, secretario diplomático y bibliotecario para sostenerse económicamente.​

¿Qué es el empirismo humeano?
El empirismo de Hume sostiene que absolutamente todo conocimiento humano proviene exclusivamente de la experiencia sensorial. Según su teoría, la mente al nacer es una «hoja en blanco» sin ideas innatas, y todo lo que llegamos a conocer deriva de impresiones sensoriales o de ideas que son copias debilitadas de esas impresiones. Este empirismo radical llevó a Hume a cuestionar conceptos fundamentales como la sustancia, el yo y la causalidad necesaria, pues estos no pueden rastrearse directamente a impresiones sensoriales específicas. Su principio de correspondencia establecía que las ideas significativas deben poder vincularse con las impresiones de las cuales derivan.​

¿Cuál fue la contribución de Hume al problema de la causalidad?
Hume revolucionó la comprensión de la causalidad al argumentar que nunca percibimos directamente conexiones causales necesarias entre eventos. Lo único que observamos es la conjunción constante de ciertos eventos en el tiempo: vemos que A precede regularmente a B, pero no percibimos un «poder» o «conexión necesaria» entre ambos. La creencia en la causalidad resulta del hábito psicológico desarrollado tras observar repetidamente secuencias temporales similares. Este análisis cuestionó los fundamentos del razonamiento inductivo y desafió la certeza que la ciencia newtoniana parecía ofrecer, influyendo profundamente en Kant y en la filosofía de la ciencia posterior.​

¿Qué relación tuvo David Hume con la Ilustración escocesa?
Hume fue una figura central de la Ilustración escocesa, movimiento intelectual del siglo XVIII que incluía pensadores como Adam Smith, Francis Hutcheson y Thomas Reid. Este grupo de filósofos, economistas e historiadores transformó Edimburgo en uno de los centros intelectuales más dinámicos de Europa. Hume mantenía amistad cercana con Adam Smith, y ambos compartían intereses en comprender el funcionamiento de las sociedades comerciales modernas, la naturaleza humana y los fundamentos de la moralidad. Los ensayos políticos y económicos de Hume influyeron en el desarrollo de la economía política que Smith sistematizaría posteriormente.​


La trayectoria de David Hume representa una de las aventuras intelectuales más audaces de la filosofía occidental. Desde su juventud en Edimburgo hasta su reconocimiento tardío en los salones parisinos, este pensador escocés mantuvo una coherencia admirable en su proyecto de fundamentar todo conocimiento en la experiencia observable. Su empirismo radical cuestionó certezas milenarias sobre la causalidad, el yo y la religión, generando rechazo en su época pero anticipando desarrollos filosóficos y científicos posteriores.

Las instituciones académicas que lo rechazaron por «notorio infiel» no pudieron imaginar que sus ideas transformarían permanentemente el pensamiento occidental. La biografía de David Hume enseña que las ideas verdaderamente revolucionarias frecuentemente enfrentan resistencia sistemática de las estructuras establecidas, pero su valor eventual trasciende las limitaciones de su contexto original. Desde Kant hasta las neurociencias contemporáneas, el legado humeano permanece vigente en debates fundamentales sobre la naturaleza del conocimiento, la mente y la moralidad.

Para quienes buscan comprender los fundamentos del pensamiento moderno, estudiar la biografía de David Hume resulta indispensable. Sus obras continúan ofreciendo no solo valor histórico, sino herramientas conceptuales para enfrentar preguntas que siguen desafiando a filósofos, científicos y pensadores de todas las disciplinas.

Tutor360

Soy docente universitario en Estadística, Matemáticas e Informática, apasionado por compartir conocimientos con métodos innovadores y tecnología. Mi objetivo es hacer que los conceptos sean accesibles y relevantes para mis estudiantes, inspirando a la próxima generación de profesionales en estas áreas.
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